Los
Smartphone se han convertido en un miembro más de la familia. Han contribuido a
mejorar las comunicaciones pero también a romper la comunicación entra la
propia familia. Cada vez es más común encontrarse familias en las que cada
miembro únicamente mira su teléfono, o amigos que en un restaurante ya no
hablan entre sí.
En tan solo
una década, el smartphone o teléfono inteligente ha supuesto un giro total en
el funcionamiento de la sociedad al cambiar por completo los hábitos sociales y
el comportamiento de la gran mayoría de las personas. Lo usamos a todas horas y
se ha convertido en un elemento imprescindible a nivel comunicacional.
Nadie duda
de las grandes ventajas que comporta la utilización de este tipo de móvil. Es
la tecnología más usada, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)
del pasado mes de marzo. De hecho, un estudio de la consultora británica
Tecmark afirma que llega a usar una media de más de 220 veces al día. Y la
Fundación Telefónica destaca que se conectan a él el 88,3% de usuarios de
internet, según publicaba el pasado domingo, 8 de mayo, el Magazine de La
Vanguardia.
Se utiliza
a través del WhatsApp y otras funciones similares; para conectarse a internet y
a redes sociales como Twitter, Facebook, Instagram o Snapchat. Pero también
sirve como reloj, alarma, agenda, calculadora, servicio meteorológico; audición
de música y radio, y leer prensa; se pueden hacer y enviar fotos y vídeos; o
escoger restaurante, comprar, vender, realizar mil gestiones on line, y un
largo etcétera.
Sin
embargo, no todo son ventajas y el uso que se hace del Smartphone puede
conllevar también algunos inconvenientes e incluso riesgos. Así, adicción, ansiedad,
menor empatía, desconexión familiar, accidentes, interferir en la pareja o
ataques a la intimidad, son algunos de los efectos negativos que conviene
evitar. Veamos los 10 principales peligros.
1. Hecho
para enganchar
Como afirma
Nir Eyal, experto de Estados Unidos en la relación entre psicología y
tecnología y autor del libro Hooked (Enganchado), estamos enganchados al móvil.
En su
libro, Eyal explica el porqué de esta afirmación: servicios y apps están
diseñados para captar la atención del consumidor el máximo tiempo. La fórmula
para captar esa atención es la motivación, es decir ofrecer algo que la gente
desee, facilitar alguna tarea y utilizar triggers, disparadores del
comportamiento que refuercen el hábito, como los likes, retuits, comentarios,
etc.
De hecho,
los fabricantes de móviles cuentan con psicólogos y antropólogos que recorren
el mundo observando comportamientos para ir evolucionando el producto.
2. Crea
adicción
Debido a lo
anterior, un peligroso riesgo es que el uso indebido del Smartphone crea
adicción, y la dificultad estriba en cómo conseguir limitar el exagerado tiempo
que se dedica a su uso. “Todo depende de lo que uno haga en el mundo digital”,
advierte Manuel Armayones, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya, que
acaba de publicar El efecto smartphone, conectarse con sentido.
“El sentido
común dice que se hace un mal uso del móvil cuando causa problemas a la
persona, perjudica su relación de pareja o familiar o su sueño, su trabajo o
los buenos resultados académicos… Lo importante es ser conscientes de cuándo se
da ese daño”, destaca.
El profesor
de Psicología avisa que entre padres e hijos “hay que hacerse a la idea de que
el negociar va a ser constante: cuando ya habíais pactado el uso de Instagram
(qué horas, qué es admisible compartir…), se ponen de moda Periscope y sus
vídeos”.
“Hay ahora
un corte generacional entre padres analógicos e hijos digitales, pero siempre
habrá dos velocidades: gente más cualificada tecnológicamente o que hace un uso
más intensivo y otros que no”, concluye.
3.
Generador de ansiedad
Al mismo
tiempo, tres de cada cuatro jóvenes de 18 a 24 años, lo primero que hacen al
despertar es consultar el móvil, según un sondeo norteamericano. Si el
smartphone no está a mano, si se ha perdido o no funciona, las posibilidades de
que se genere un estado de ansiedad en su propietario son muchas.
Los
anglosajones hablan, como fuente de ansiedad, del FOMO (fear of missing out),
el miedo a perderse algo si no se mira el móvil. Armayones lo define como
“psicopaTIClogías”, el miedo a olvidar el móvil (nomofobia) o la ansiedad que
genera la trilogía batería, cobertura y saldo. “No son equiparables a
enfermedades mentales graves, pero nos estresan y generan ansiedad”, asegura.
Su receta para evitar esto es: “Haga amigos, practique deporte, cultive alguna
afición fuera de las pantallas”.
4. Menor
empatía
Al mismo
tiempo, Sherry Turkle, profesora de Ciencias Sociales y Tecnología en el
Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), advierte de que el móvil resta
intimidad y empatía a la relación humana. Y en una consulta del Pew Research
Center, el 89% de las personas dijo que usó su teléfono durante su última
reunión social, y el 82% reconoció que la conversación se resintió.
“Se ha
demostrado que si dos personas quedan y hay un teléfono en la mesa, la charla
gira en torno a temas menos importantes, y esas personas sienten menor conexión
entre sí”, añade la psicóloga social del MIT. “Cuando nos volvemos hacia el
móvil en lugar de hacia la otra persona, se pierden empatía e intimidad. En los
últimos 20 años se ha constatado una disminución del 40% de la empatía entre
estudiantes universitarios en todas las maneras que conocemos de medirla. El mayor
descenso ha sido en la última década, lo que se atribuye al uso de dispositivos
digitales. Es en la conversación cara a cara cuando nacen la empatía y la
intimidad; pagamos un precio si dejamos fuera esta conversación: se pasa de la
conversación a la mera conexión”, concluye.
5.
Desconexión familiar
Otro grave
riesgo de un mal uso del smartphome es el de una cierta desconexión familiar.
De hecho en ocasiones los padres prestan más atención al móvil que a sus
propios hijos.
En ese
sentido, Turkle ha estudiado también el impacto en las relaciones personales.
Lo que le resultó más “lacerante” en la investigación hecha para su libro
Reclaiming Conversation (Reivindicando la conversación) fue “que niños y
adolescentes digan que nunca han dado un paseo con su padre o madre sin que
estos estén sin teléfono; literalmente, sienten que nunca tienen la plena
atención de sus padres”.
La
profesora de Ciencias Sociales y Tecnología considera que el tiempo que pasamos
con el móvil “lo robamos del dedicado a los demás, ya que lo llevamos encima a
todas horas y a todas partes”.
En el
barómetro del CIS mencionado, un porcentaje significativo de los encuestados
(44%) apunta que el móvil es la tecnología que más ha cambiado la vida de su
familia (sólo el 7,7% cita la televisión). Entre otros aspectos, un 67,9%
piensa que ha reducido la comunicación entre padres e hijos, y el 51,5%, que
aumenta el conflicto familiar. Hay terapeutas estadounidenses que dicen que
les llegan familias que buscan ayuda para “reconectar”.
6. Más
accidentes
Otra
cuestión importante es la incidencia que el fijar la vista en la pantalla del
móvil tiene en la posibilidad de que se produzca un accidente. Tanto es así que
en algunas ciudades hasta se plantean medidas urbanísticas, por el hecho de que
muchas personas andan constantemente mirando su pantalla.
Hasta el
47% de los peatones lo hace, según el Real Automóvil Club de Catalunya, y esto
ha favorecido un aumento de los accidentes. Otro tanto sucede con el con el
tráfico: el móvil ha sustituido al alcohol como primer motivo de muerte al
volante entre los jóvenes estadounidenses, y las autoridades españolas lo
consideran uno de los principales motivos de distracción, que es la primera
causa de accidentes.
“Sí, la
tecnología está cambiando los hábitos sociales y nuestro cerebro, y no sabemos
qué efectos tendrá a largo plazo”, reconoce el ya citado experto estadounidense
Eyal.
7.
Interfiere en las relaciones de pareja
No cabe
duda de que el uso del móvil favorece la comunicación y, por ejemplo, las
relaciones de pareja. Pero, al mismo tiempo, es también un elemento de control
sobre la misma. Tanto es así que muchas de esas relaciones empiezan y acaban a
causa del Smartphone.
En los
estudios en que se pregunta a personas si el móvil interfiere en su relación de
pareja (incluido el del CIS), la respuesta mayoritaria es sí, hasta el punto de
que un 9% de los estadounidenses dijo en una encuesta haberlo usado durante las
relaciones sexuales.
8. Resta
espontaneidad
Un nuevo
inconveniente que puede derivar en problema es que nos resulta cada vez más
difícil mantener una conversación espontánea como son las que se entablan cara
a cara.
“La gente
busca evitarla usando el móvil para no sentirse vulnerable”, dice Turkle, y
pone como ejemplo a padres e hijos que discuten por WhatsApp y similares para
tener las emociones bajo control.
“Nos atrae
la conversación on line porque podemos prepararnos, ya que tememos
imperfecciones en la presentación. Nos reafirmamos si podemos escondernos tras
una autopresentación”, agrega.
“A veces
las personas llegan a convertirse en su mejor versión on line; otras dejan de
reconocerse en el yo digital, se sienten no auténticas y se deprimen. Es más
difícil encontrar un yo auténtico”, concluye en este apartado Turkle.
9. Ataques
a la intimidad
El uso
indebido de este tipo de móviles es también el responsable en ocasiones de
ciertos ataques a la intimidad. Los padres estadounidenses, por ejemplo,
cuelgan on line unas 1.000 imágenes de cada hijo antes de que cumplan los cinco
años, explicaba recientemente la revista Time.
“Se dice
que los niños y jóvenes de hoy son narcisistas, pero es que quizás aprenden
exhibicionismo de los padres”, indicaba el artículo. Y añadía que hay redes
sociales usadas por menores para colgar selfies sexys. Fotos parecidas a las
que pueden colgar sus madres.
“La tecnología
es maravillosa, lo que se puede cuestionar es el uso que se haga de ella”,
denuncia Armayones, quien apunta que si se extiende la moda de colgar vídeos en
tiempo real, “se pueden generar situaciones complejas, social y
psicológicamente”.
Es por ello
que reclama “normas de etiqueta en el uso de móviles (y demás tecnología). […]
Si dos personas quedan para cenar y una se pone a leer un libro, se
consideraría mala educación, pero con el móvil ocurre”, pone como ejemplo.
10. Falta
de concentración
Otra de las
cuestiones polémicas acerca del uso del Smartphone es si facilita o provoca en
mayor o menor medida la falta de concentración en los estudiantes.
Al
respecto, el escritor y especialista en tecnología Nicholas Carr es uno de los
que proclaman que estos móviles nos hacen inatentos y superficiales y evita que
los estudiantes se concentren durante un periodo de tiempo considerable.
Sin
embargo, los centros educativos andan divididos sobre si permitirlo o no, en
ese dilema entre que distrae pero no tenerlo crea ansiedad. “Se erige como una
señal de que siempre podemos poner la atención en otra cosa. La decisión es del
usuario, pero esa posibilidad nos tienta, y somos vulnerables”, razona Turkle.
En ese
sentido, algunos estudios señalan que el mundo digital cambia la memoria (el
llamado efecto Google), otros, que no la atrofia. Incluso alguno defiende que
la desarrolla, e idéntico debate existe en torno al pensamiento analítico.
“En la
sociedad actual se maneja más información que nunca, y usamos la memoria del
móvil o la nube como una extensión de la nuestra, para almacenaje, pero en el
cerebro seguimos guardando la importante o irreemplazable para nosotros”,
concluye Armayones.
RELIGION EN
LIBERTAD

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