Muchos ni
siquiera los relacionamos, pero nuestra salud cerebral depende de hábitos tan
dispares como un buen descanso, una correcta hidratación o el contar con una
oxigenación adecuada
Las
enfermedades que afectan la salud cognitiva suelen tener su origen en factores
genéticos, cuestiones de la edad o algún tipo de traumatismo.
No
obstante, la práctica continua de
algunos hábitos también puede generar daños irreversibles, dado que matan
las neuronas o reducen su actividad.
Si bien la
pérdida de la memoria es un efecto del deterioro cerebral que se sufre con la
vejez, existen algunos factores que lo pueden empeorar o acelerar.
Lo más
preocupante de todo es que muchos ignoran cuáles son esas malas prácticas y por
qué tienden a producir efectos negativos en esta parte del cuerpo.
Además, los
daños suelen producirse de manera gradual y es difícil detectarlos cuando están
en sus etapas iniciales.
Por esta
razón es primordial identificar las costumbres poco saludables y, por supuesto,
tomar medidas para evitarlas.
1. Saltarse el desayuno

El desayuno
es una de las comidas principales y bajo ninguna circunstancia se debe ignorar.
Este
desempeña un papel fundamental para el metabolismo del cuerpo y, aunque muchos
no lo saben, también es esencial para activar las funciones cerebrales durante
la jornada.
La
deficiencia de proteínas, vitaminas y demás nutrientes en el desayuno están
relacionados con el deterioro cerebral y la pérdida de la memoria.
Además, la
actividad de las neuronas se ve afectada y se genera una sobrecarga que se
manifiesta a través de la tensión.
2. Comer azúcar en exceso
Los
azúcares refinados están presentes en muchos alimentos de los que incluimos con
regularidad en la dieta.
Lo que
pocos saben es que estos son la causa principal de los trastornos metabólicos y
algunas enfermedades cognitivas.
Los niveles
altos de azúcar disminuyen la producción de las sustancias químicas del
cerebro, las cuales regulan muchas funciones importantes.
Su consumo
diario es una de las causas de ansiedad, depresión y riesgo de demencia.
3. Fumar

Para nadie
es un secreto que los cigarrillos están llenos de sustancias tóxicas que
impactan de forma negativa la salud.
Su consumo
habitual provoca daños a nivel pulmonar y, por si fuera poco, a largo plazo
afecta considerablemente las funciones cognitivas.
Tanto los
fumadores activos como los pasivos tienen más riesgo de desarrollar problemas
de demencia y alzhéimer.
Esto se
debe a las interrupciones que sufre el flujo sanguíneo, lo cual impide que se
dé un correcto proceso de oxigenación celular.
Además,
fumar reduce la capacidad de concentración y las tareas relacionadas con la
memoria.
4. Dormir mal
Una mala
calidad de sueño no solo se manifiesta con la falta de energías físicas sino
también mentales.
Dado que el
cuerpo no descansa lo suficiente, el lóbulo frontal no trabaja de manera
apropiada y como consecuencia disminuye el pensamiento creativo.
A su vez,
aumenta la ansiedad, disminuye la
capacidad de controlar las emociones y la habilidad para resolver los problemas
cotidianos.
La
privación del sueño también incrementa los niveles de cortisol, que genera
estrés, depresión y otras emociones que afectan la calidad de vida.
5. No hidratarse

La
deshidratación es uno de los factores que afecta de forma directa la salud
cerebral.
Esta
interfiere con los niveles de energía, el estado de ánimo y la habilidad para
alcanzar la concentración durante las tareas de la jornada.
Dado que el
cerebro está compuesto en su mayoría por agua, la falta de líquido interrumpe
procesos esenciales para su óptimo funcionamiento.
Por otro
lado, la deficiencia afecta la salud circulatoria e impide que se dé un buen
proceso de oxigenación cerebral.
6. Exponerse a ambientes contaminados
El cerebro
requiere un continuo suministro de oxígeno para brindarnos energías y
habilidades cognitivas.
Sin
embargo, la exposición continua a ambientes contaminados puede interferir en el
intercambio de gases y el transporte del oxígeno hacia las células, dando lugar
a una disminución en su eficiencia.
De hecho,
este factor está relacionado con el aumento de riesgo de problemas cognitivos
graves como el alzhéimer y la demencia.
7. Comer en exceso

El consumo
excesivo de calorías y grasas no solo tiene un impacto sobre el metabolismo y
el peso corporal, sino también en la salud cerebral.
El
sobrepeso conduce a enfermedades como la diabetes y los trastornos
cardiovasculares, y termina afectando de una u otra forma la eficiencia
cerebral.
Un consumo
moderado de calorías retrasa el proceso de envejecimiento celular y disminuye
el riesgo de degeneración cognitiva.
En
conclusión, aunque sus efectos no se perciben al instante, lo más conveniente
es evitar estos hábitos con el fin de proteger el cerebro.
En su
lugar, adopta una dieta saludable y balanceada, además de practicar ejercicios
mentales y técnicas de relajación.
Fuentes:
Mejor Con Salud

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